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(...)pero aquel joven y aquella joven, nosotros, no tenían otros consejeros que sus ilusiones del momento. ¡Sobre Levante iba a abatirse un tornado y nosotros pretendíamos contenerlo con nuestras manos desnudas! Era exactamente eso. El mundo entero se había resignado a ver a árabes y a judíos matarse entre sí durante decenios, siglos, quizá; todo el mundo había tomado una determinación, los ingleses y los soviéticos, los americanos y los turcos...Todo el mundo, a excepción de nosotros dos y algunos soñadores como nosotros(...)
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A veces me he encontrado diciendo que mi hermano era un lobo. No es exacto. El lobo pelea solamente por sobrevivir, o por preservar su libertad. Si no se le amenaza, sigue por su camino, altivo y patético. a mi hermano lo comparo más bien con esos perros asilvestrados. Echan de menos la casa en la que han crecido y a la vez la odian. Su itinerario vital se explica siempre por una herida: un abandono, una traición, una infidelidad. Esa herida es su segundo nacimiento, el único que cuenta.
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Hace unos días tuvbe ocasión de escuchar, en París, un debate radiofónico entre un judío y un árabe, y le confieso que me chocó. Esa idea de enfrentar cara a cara a personas que hablan cada una en nombre de su tribu, que rivalizan de mala fe y con habilidad gratuita...sí, me choca y me repugna. Esos duelos me parecen burdos, bárbaros, de mal gusto, y añadiría: poco elegantes(...)
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Si con todo y eso sobrevivi, es porque hace falta cierta voluntad para no seguir sobreviviendo. Yo ya no tenía ni esa voluntad. Ni siquiera la voluntad o la fuerza necesarias para tender la mano a la muerte(...)
No debería decir eso. Mi suerte fue, por el contrario, no haber tenido fuerza para acabar cuando creía disipada la última esperanza. Incluso cuando no se ve luz al final del tunel, hay que continuar creyendo que existe, y que acabará apareciendo.
Algunos tienen paciencia porque mantienen la fe en el porvenir. Otros, porque les falta valor para acabar. La cobardía es sin duda despreciable, pero no obstante, corresponde al reino de la vida. Es un instrumento de supervivencia, como la resignación.
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- Has de considerar la muerte como la salidad de emergencia final. Recordar que nadie puede impedirte echar mano de ella pero, precisamente porque te es accesible, mantenerla en reserva indefinidamente. Supongamos que, por la noche, tienes una pesadilla. Si sabes que es una pesadilla y que basta con sacudir un poco la cabeza para salir de ella, todo resulta más sencillo, más soportable, y hasta acabas disfrutando de lo que te parecía lo más espantoso. ¿Que la vida te da miedo, que la vida te hace daño, que los seres más próximos se cubren con máscaras horrorosas?...Te dices a ti mismo que así es la vida, que es un juego al que no vas a ser invitado por segunda vez, un juego de placeres y sufrimientos, de creencias y equivocaciones, un juego de máscaras; juégalo hasta el final, como actor o como observador, preferentemente como observador; siempre habrá tiempo de salirse de él. A mí, la salida de emergencia me ayuda a vivir. Como está a mi disposición sé que no lo voy a utilizar. ¡Pero si no tuviera la mano sobre el picaporte del más allá, me sentiría atrapado y tendría deseos de huir con la mayor rapidez!
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Detrás de mí han retumbado las puertas del paraíso no me he dado la vuelta
A mis pies la sombra de mis pies se alarga por todo mi camino hasta el muro
Ando sobre mi sombra en mis párpados cerrados como vasos de sangre los caminos de Anatolia
Conservo el recuerdo de una casa más hermosa de piedra arenisca con cristales de espejismo
En mis oídos el murmullo de la ciudad el dulce murmullo de Babel
Antaño antaño en los puestos avanzados del desierto en el oasis de los pueblos sepultados
Antaño antaño las escalas del cielo antaño la edad de impaciencia antaño el porvenir"
(Las Escalas de Levante)





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